El Washington Post abrió debate en torno a la política norteamericana hacia el Presidente Hugo Chávez con el editorial "Courting Mr.Chávez". Manifiesta no tener objeciones al saludo de mano con el presidente venezolano ni con en el objetivo de construir una relación positiva con Venezuela. El editorial contiene sin embargo una feroz crítica a la actual política al señalar que no reacciona frente a la escalada del presidente venezolano contra los líderes de oposición que llevó a Manuel Rosales a pedir asilo en Lima. Una escalada que arriesga terminar con lo que queda de la democracia venezolana, señala.

El tono del editorial queda ilustrado en estas líneas:

"It is reasonable to ask how the Obama administration is reacting to this major new campaign against what remains of Venezuela's democracy, especially given the president's friendly handshake with Mr. Chávez at the Summit of the Americas two weeks ago. The answer: It isn't."

Hoy, José Miguel Vivanco (HRW) publica, también en The Washington Post, "Exposing a Chávez Charade", en el que analiza las complejidades de la situación venezolana.  Señala Vivanco no compartir las críticas que ha recibido el Presidente Obama por su amistoso saludo al Presidente Hugo Chávez.

El tiempo, observa Vivanco, podría mostrar que Obama hizo bien pues con ese gesto quita a Chávez argumentos para su anti- norteamericanismo (aunque en la concentración del 1ero de Mayo Chávez ha vuelto a agitar la infamia de Obama - por la publicación de un informe oficial de Estados Unidos que culpa a Venezuela de no colaborar con las políticas contra el terrorismo). [ver también: Policía Militar dispersó a opositores con perdigones y "gas del bueno"]

Sostiene Vivanco que el gesto del Presidente Obama por mejorar el clima de conversación entre los dos países otorga a su gobierno mejores condiciones para convencer al Presidente venezolano de abandonar su actual deriva autoritaria que desconoce instituciones democráticas y legalidad. Una posibilidad de corrección en la que lo más importante, observa, es que el poder judicial venezolano recupere su independencia ahora en manos del presidente Chávez.

Le resultará complicado al presidente Hugo Chávez, tal vez imposible, nadar contra la corriente de simpatía que acompaña al Presidente Obama - desde la campaña presidencial y que se observó nuevamente en la reciente Cumbre de las Américas. Por otro lado es evidente que la lógica de concentración del poder por parte del presidente venezolano pone en riesgo las libertades que sustentan al sistema democrático. Sin embargo, la política de distensión se mostró exitosa en situación aún más complejas, como lo muestra la historia reciente de Europa del este.

Pero el dilema está planteado.